Archivo por meses: mayo 2015

ENCONTRAR UN MODELO DE IDENTIDAD

Los jóvenes necesitan tener un ideal

La adolescencia es un período de transición en el que un joven ha dejado de ser un niño, pero todavía no se ha convertido en un adulto. Es un proceso difícil de la vida en el que se experimentan grandes cambios y en el que se sufre un gran nivel de incertidumbre. Pero la adolescencia también es el mejor momento para que los chicos se fijen un ideal, un proyecto de vida lo suficientemente maduro como para hacerlo parte importante de sus propias experiencias.

Muchos de nuestros hijos carecen de un ideal, de un modelo de identidad en sus vidas que les permita encauzar sus cambios ideológicos y orientar su vida.
Cuando un joven se encuentra desorientado, su período madurativo se hace más largo, tarda más en alejarse de la niñez y en hacerse adulto. Esta circunstancia puede acarrear muchos problemas si, además, el chico vive una situación especial en la que su proceso de madurez ha sido acortado por motivos ajenos a él. En este caso concreto se encontrará perdido, ya que disfrutará de las libertades y responsabilidades propias de un adulto y no sabrá cómo plantarles cara. El estado de precocidad que ha vivido, así como el retraso en su madurez, no le permitirá tomar decisiones adecuadas ni actuar con plena autonomía.
Es aconsejable facilitarle patrones a seguir en este proceso, porque puede buscarlos por sí mismo y encontrar conductas a imitar en líderes que provoquen esta reacción, pero que estén muy lejos de los verdaderos procesos de formación de un joven y que simplemente servirán para llenar un espacio vacío.
La falta de estímulos y el desencanto por las oportunidades que le ofrece la vida sumergen a nuestro hijo en una dinámica de imitación de conductas asociales e inestabilidad emocional.
La mejor forma de evitarlo es crearle nuevas expectativas con la figura de un ideal medianamente adecuado que cubra sus expectativas y que sea más acorde a su ritmo de vida actual. Es fundamental crear, en el ambiente familiar, una apuesta segura, en la que las personas más allegadas puedan marcarle una línea de comportamiento adecuada para su edad.